DEJANDO HUELLAS
El segundo semestre de este año ha sido, para mí, una experiencia especialmente significativa. Ha sido un tiempo en el que he podido sentir con mayor claridad que la Pastoral no se limita a momentos específicos de oración o a actividades programadas en el calendario institucional, sino que se manifiesta en la manera como vivimos, servimos y acompañamos cada experiencia de la vida escolar.
Durante estos meses, diferentes actividades pastorales y comunitarias me han permitido reencontrarme con el sentido de mi vocación. La oración, las celebraciones, las experiencias marianas, los espacios de reflexión y las actividades institucionales han sido oportunidades para detenerme y reconocer que detrás de cada responsabilidad existe una misión y detrás de cada persona existe una historia que merece ser valorada.
Uno de los aspectos que más me ha marcado durante este segundo semestre ha sido la posibilidad de trabajar desde la unidad y el sentido de comunidad. Desde mi rol como maestra de Educación Física, he participado en experiencias que han integrado el movimiento, la convivencia, la recreación, la espiritualidad y la identidad corazonista. Esto me ha permitido comprender que cuando diferentes áreas y personas ponemos nuestros talentos al servicio de un propósito común, el resultado trasciende cualquier actividad.
Las experiencias vividas alrededor de las actividades institucionales, especialmente aquellas que convocan a nuestros estudiantes, maestros, familias y demás integrantes de la comunidad educativa, me han mostrado que educar también significa construir vínculos. Detrás de cada ensayo, cada encuentro, cada preparación y cada momento compartido existen esfuerzos que muchas veces no son visibles, pero que hablan de compromiso, entrega y sentido de pertenencia.
En este segundo semestre también he podido experimentar que la Pastoral se encuentra en los pequeños detalles. Está en acompañar a un estudiante que necesita confianza antes de participar. Está en animar a quien siente que no puede. Está en reconocer el esfuerzo de quien no obtuvo el resultado esperado. Está en aprender a trabajar con paciencia cuando las cosas no salen como fueron planeadas. Está en agradecer a quien ayuda. Está en comprender que todos tenemos un papel importante dentro de la comunidad.
Como maestra de Educación Física, estas experiencias han adquirido un significado especial. Los escenarios deportivos y recreativos se han convertido también en espacios de formación espiritual y humana. En una competencia he visto la oportunidad de enseñar respeto; en un ensayo, disciplina; en un trabajo grupal, solidaridad; en una dificultad, perseverancia; y en una celebración, gratitud.
De manera particular, las experiencias de este segundo semestre me han permitido mirar a mis estudiantes desde otra perspectiva. Ya no solamente desde lo que hacen o dejan de hacer, sino desde lo que pueden llegar a ser. He aprendido a preguntarme con mayor frecuencia qué hay detrás de una actitud, qué necesita ese estudiante para avanzar y cómo puedo acompañarlo sin perder de vista su dignidad y su valor como persona.
También ha sido un semestre de desafíos. Y precisamente en esos desafíos he descubierto que la Pastoral cobra mayor sentido. Es fácil hablar de paciencia cuando todo funciona bien; lo verdaderamente transformador es intentar vivirla cuando aparecen las dificultades. Es sencillo hablar de comunidad cuando todos pensamos igual; el verdadero aprendizaje está en aprender a escuchar, dialogar, comprender y construir juntos cuando existen diferencias.
Por eso, miro este segundo semestre con gratitud. No porque haya sido perfecto, sino porque ha sido real. Ha tenido alegrías, cansancio, retos, aprendizajes, encuentros y momentos que me han permitido crecer.
He comprendido que la Pastoral no elimina las dificultades de nuestra labor educativa; nos ayuda a afrontarlas desde otra mirada.
Una mirada que busca comprender antes de juzgar.
Una mirada que intenta acompañar antes que señalar.
Una mirada que encuentra oportunidades donde otros pueden ver solamente dificultades.
Una mirada que recuerda que cada estudiante, cada compañero y cada miembro de la comunidad merece ser tratado con respeto y amor.
Este segundo semestre me ha confirmado algo que considero esencial: la Pastoral se hace vida cuando lo que creemos empieza a transformar la manera como actuamos.
Y quizás esa sea una de las experiencias más valiosas que me llevo de este periodo. No solamente recuerdo las actividades realizadas; recuerdo las personas, los aprendizajes, los momentos compartidos y las emociones que cada experiencia dejó en mí.
Me llevo la certeza de que cada encuentro puede ser una oportunidad para servir, cada dificultad puede convertirse en aprendizaje y cada jornada puede ser una nueva posibilidad de sembrar algo bueno en el corazón de alguien.
Al cerrar este segundo semestre, siento que también cierro un ciclo de aprendizajes que me invita a continuar creciendo. Porque ser maestra corazonista significa estar siempre en construcción: como mujer, como madre, como esposa, como líder, como educadora, como compañera, como miembro de una familia y como persona llamada a servir.
Y es precisamente allí donde la Pastoral vuelve a encontrarme: en el camino, en lo cotidiano, en lo imperfecto y en lo profundamente humano.
Por Mayda Marcela Castillo Herrera
Lic. Educación física recreación y deportes
Colegio Sagrados Corazones de Cúcuta
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