MILAGRO REALIZADO POR INTERCESION DEL PADRE LUIS VARIARA
El padre Luis variara fue el primero en ofrecerse como víctima. La vida de los santos no es nada fácil, pues siempre se encuentran con pruebas que el mismo Dios quiere que sucedan, para el fortalecimiento de la fe. Pero al mismo tiempo que permite que lleguen pruebas, también concede una admirable paciencia y fortaleza para sobrellevarlas, y ofrecer sus sufrimientos por el reino de los cielos.
Nuestro querido y amado beato padre Luis variara consigue grandes favores del cielo, y fue por su medio, que alcancé el milagro de la sanación, Milagro por medio del cual se obtuvo, su beatificación.
En los últimos meses de 1989 sufrí un extraño malestar. El médico me ordeno exámenes, en los que no apareció nada claro. Días después me dio un malestar terrible e insoportable y un dolor en el bajo vientre que me desesperaba, se me inflamaron las piernas y el abdomen hasta hacerme ver deforme.
Sufría ante el temor de metástasis o sea que se me propagara el cáncer a otras partes del cuerpo, por causa de una operación, de mastectomía que me habían hecho, me disponía a cumplir la voluntad de dios. El doctor de la comunidad me examinó
Tan pronto me vio el médico, ordenó mi hospitalización inmediata, lo primero que hicieron fue sacarme el agua, del estómago, que ya me llegaba hasta la garganta, a causa de la enfermedad llamada ascitis, que consiste en la acumulación de agua, en los tejidos que recubren el estómago. Me sacaron tanto líquido que baje ocho kilos de peso. Permanecí un mes hospitalizada, sometida a cuidados, radiografías y diversos exámenes que no mostraban el mal, ya que este se encontraba cubierto por el líquido que me sacaban.
Los primeros días de octubre me trasladaron a la unidad de cirugía y el día diez fui operada, el cirujano quedó muy impresionado al descubrir un grueso tumor maligno todo inflamado y con adherencias al intestino.
Inició la operación, pero no pudo continuar, entonces me cerró, y con gran pesar dijo a los presentes: esta hermana tendrá muy pocos días de vida. Desde ese momento aumentó mi sufrimiento y me disponía a la muerte si así lo quería el señor. La noticia de mi gravedad llegó a todas las hermanas, quienes empezaron inmediatamente y con mucho fervor la novena al padre Luis Variara, y especialmente mi comunidad local de las hijas de María Auxiliadora, en la que trabajaba, la repitió muchas veces con constancia y amor, se unieron también a las novenas las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, las hacían con tanto amor hasta conmoverme y encender en mí una gran esperanza, sin embargo mi enfermedad continuaba y no daba signos de mejoría.
Estaba muy débil, mi cuerpo no recibía nada de comida, unos quince días después me hicieron una quimioterapia, en dosis completa. Eso me agravó más. Luego a causa de una inflamación en los tejidos, que cubren los pulmones, las quimioterapias no podrían volver a realizarse, así que me pidieron por lo menos cuatro meses, de reposo para volver a las quimioterapias. Al día siguiente me llevaron a casa y el doctor de la comunidad me examinó, y con gran sorpresa no encontró nada de lo que se decía que tenía. Hizo venir al especialista, y éste comprobó que no había líquido en ningún lugar, llamó entonces al hospital, y pidió que me recibieran de nuevo.
A los dos días regresé al hospital, me ordenaron de inmediato una radiografía de tórax. La sorpresa de los doctores, fue grande cuando tuvieron mi radiografía, en sus manos, y se decían: nunca habíamos visto una radiografía tan perfecta, pero ¿cómo ha sucedido esto?
Pude continuar con las radioterapias y luego me hicieron los exámenes necesarios para constatar en qué punto se encontraba el carcinoma o tumor maligno. Que sorpresa y maravilla de los doctores y cirujanos, porque el tumor maligno había desaparecido totalmente. Pasados diez días me hicieron otra operación, para confirmar que no hubiera nada del mal y efectivamente todos los resultados dieron negativo.
Gracias infinitas a la intervención del padre Luis variara, y a la virgen, a este gran protector va todo mi gran reconocimiento, e invitaré a todos a invocarlo a fin de que experimenten como yo su protección,
Firmado en Turin Italia,
Sor Edvige Roso, Religiosa Hija de María Auxiliadora
GRACIAS Y FAVORES
TESTIMONIO DE GRACIA RECIBIDA POR MI PADRE , POR INTERCESIÓN DEL BEATO LUIS VARIARA
Queridos hermanas y hermanos que leerán estos pocos renglones, me llamo Daniela Cutuli (de Roma, Italia), estoy casada con Marco y tenemos tres maravillosos hijos, que son un gran don de Dios: Michele Angelo, Gabriele Angelo e Giuseppe Maria, además de Raffaele Angelo, quien ya se encuentra en el Cielo y vivió en mi vientre sólo un par de meses. Deseo de todo corazón compartir con Uds. una de las innumerables gracias que Dios nos ha querido conceder, por Su gran Amor hacia nosotros. Esto porque quiero atestiguar que Dios, aun hoy, sigue cumpliendo cada día pequeños y grandes milagros. Buscaré resumir el todo en pocos renglones y quedaré a disposición en cualquier momento, por si se necesitara un testimonio más detallado, ya que la mano de Dios se reconoce también en los pequeños detalles más escondidos.
Hace algunos años mi papá Antonio tuvo que efectuar algunos exámenes, por averiguar acerca de un valor que aparecía en los análisis de sangre y que preocupó nuestro médico, el Doctor Massimiliano Ortore, el cual tiene la característica de tener mucho cuidado con los exámenes de rutina y demás controles médicos de sus pacientes. Desde ahí, empezó un largo y fatigoso período de exámenes, que llevó a la diagnosis de mieloma, un tipo de cáncer de médula. Por todo el tiempo de estos exámenes, la invisible mano de Dios nunca nos abandonó. Habíamos comenzado a orar por esta intención, desde el comienzo de las sospechas, la determinación del lugar en donde mi padre iba a ser atendido ha sido amablemente guiada por Su mano invisible. Al empezar, el último lugar en donde hubiese querido que mi padre fuese atendido, era el IFO, el Hospital de tumores “Reina Margarita”, que se encuentra al otro lado de Roma con respecto a donde habitamos nosotros, y sin embargo fue exactamente ahí en dónde encontramos el Doctor Francesco Pisani, que por parte de muchos recibe el apodo de “San Francisco”, por la gran humanidad, amabilidad y experiencia médica, con las que cuida de sus pacientes.
Desde el principio, como ya lo he expresado, hemos empezado en familia a orar por mi papá y a hacer orar en la Parroquia de “Santa María de la Esperanza”, además que de manera particular pedimos oraciones a las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María que viven y desarrollan su servicio pastoral en la enfermería de la Universidad Pontificia Salesiana, cuidando de los sacerdotes salesianos enfermos o ancianos. Este Instituto Religioso fue fundado por el Beato Luis Variara, Sacerdote Salesiano, en Colombia, y junto a las Hermanas hemos orado muchísimo al Beato Luis Variara, por todo el período de la quimioterapia y hasta el día de hoy. Después de un entero año de quimioterapia, que se concluyó poco antes de la Navidad de 2020 (¡el regalo más hermoso que pudiera hacernos el Niño Dios!), el Doctor Pisani, con una mirada de gran alegría, nos avisó que había habido una remisión completa de la enfermedad y que desde ese momento mi padre sólo debía presentarse por controles cada tres meses. Estos controles, gracias a Dios, hasta ahora han dado buen éxito, hasta el día de hoy, 22 de octubre de 2021, fiesta litúrgica de San Juan Pablo II, fecha en la cual el Doctor nos avisó que en la sangre volvieron a aparecer trazas imperceptibles de proteína cancerígena. Sin embargo, el Doctor citó mi papá para el control, nuevamente en tres meses, ya que la presencia de esta proteína no quiere significar que ésta aumentará su cantidad, y aunque si así fuese, hay que establecer en qué grado y a qué velocidad aumenta. Mi papá ya superó aquel terrible período en el que no podía sostenerse de pié y se veía muy pálido, frecuentemente tenía colapsos y sofría muchísimo por un fuerte dolor de piernas que por la noche no le dejaba dormir. En aquel período lo vi llorar muchas veces y todo lo que podía ofrecerle era mi oración, con y para él.
Actualmente, de vez en cuanto, siente unos dolores en el estómago, probablemente debidos a la neuropatía, consecuencia del tumor, así como a la quimioterapia, que siempre deja consecuencias a largo plazo. Sin embargo, ha vuelto a ser autónomo, a tener fuerzas y a dedicarse a pequeños trabajos, en la huerta o en las reparaciones de casa. Ha vuelto a su vida normal: cocina con mamá, cuida de ella y de mi tía, suministrándoles los medicamentos diarios, sale de la casa solo y con mi madre y mi tía, pudo volver a participar de la Santa Misa en la Parroquia. Para nosotros éstos son pequeños grandes logros. No sé por cuánto tiempo el Señor nos permitirá disfrutar del gozo de la salud de mi padre, de esta grandísima gracia que hemos recibido. Ciertamente, seguimos orando para que siga concediéndonos este favor, pero yo hoy en día me siento como una niña pequeña que pidió a su Papá Todopoderoso una gracia especial, que deseaba de todo corazón, y mi Buen Padre del Cielo me la ha concedido, y puedo atestiguar que esto fue gracias a la intercesión de nuestro hermano, el Beato Luis Variara. Hoy sé por cierto que Papá Dios nos ama inmensamente y que la oración es la única fuerza capaz de sostener el mundo.
Daniela Cutuli
TESTIMONIO DE GRACIA RECIBIDA CONVENTO BETANIA
Bogotá, Marzo 13, 2017 – Agua de Dios – Colombia
Doy gracias a Dios y al Beato Luis Variara por los favores recibidos.
En el mes de Mayo del año 2015 me empezó un dolor fuerte en la cadera izquierda, me formularon medicamentos para calmar el dolor, pero fue inútil, cada día y noche era más fuerte me enviaron al médico de Ortopedia no pudo atenderme por diferentes ocupaciones hasta el mes de Enero de 2016, el dolor continuaba invadiendo la rodilla hasta llegar al pie. Ofrecí la novena del Beato Luis Variara con motivo de su aniversario el 15 de Enero de 2016, cuando terminé la novena el dolor estaba desapareciendo, en este tiempo me atendió el médico de Ortopedia, al ver la radiografía me dijo que era de cirugía, me mando tomar otra radiografía y encontró que del cartílago estaba muy bien que no necesitaba de cirugía que continuara con un tratamiento de calcio para fortalecer los huesos y el milagro se realizó porque el dolor desapareció por siempre.
En Enero del año 2017 tuve una caída y me golpee en la misma cadera, me encomendé al Padre Luis Variara y me atendió inmediatamente el médico porque el dolor no me permitía caminar, me tomaron una radiografía y encontraron que tenía solamente un trauma muscular. El hueso está muy bien.
Doy fe de estos favores recibidos de Dios por medio del Beato Luis Variara.
MARÍA HILDA SÁNCHEZ DE TORRES – SOCIA CONSAGRADA AL MOVIMIENTO LUIS VARIARA DESDE EL 1° DE FEBRERO DE 1.989
“TODO ESTARÁ BIEN”: TESTIMONIO DE DOS REGALOS DEL BEATO LUIS VARIARA
Cordial saludo, mi nombre es Luz Adriana Zuluaga Robles tengo 34 años de edad y soy oriunda de la ciudad de Cartagena de Indias D T y C, hago este escrito con el fin de manifestar que ha sido beneficiaria de 2 grandes favores por parte del Beato Luis Variara, comenzaré por explicar brevemente mi historia para contextualizar.
Cuando tenía 7 años de edad, por una reacción alérgica, fui diagnosticada como alérgica a los AINES, luego de eso fui siendo multidiagnosticada con varios tipos de alergias tales como: Alimentos, colorantes, productos para el cuidado de la piel, limpiadores, polvos, ácaros, la antes mencionada a medicamentos que a lo largo de mi vida se fue haciendo más extensa y compleja para los equipos médicos que me comenzaron a tratar, hasta culminar en reacciones espontáneas a los cambios climáticos, un simple sereno o una elevación de la temperatura era delicado para mi salud, cada vez los episodios eran más cercanos y fuertes al punto de estar en shock anafilácticos 2 veces y necesitar de reanimación con adrenalina en una ocasión.
El consumo diario y prologado de corticoides y antialérgicos en mi vida, la hizo difícil y muy protegida, cosas tan simples y naturales como pintarse las uñas y alisarse el cabellos con algún producto era para mí algo riesgoso, al punto de recibir prohibiciones de mis médicos, con el pasar del tiempo fui desarrollando una condición que los alergólogos tratantes determinaron como un SOP ( síndrome de ovarios poliquísticos), en muchas mujeres es algo común , pero en mi era muy probablemente desarrollado por toda esa cantidad de medicación que debía tomar para ser “funcional”, pase mucho tiempo dopada, dormida, y fui adquiriendo un carácter mal humorado, distante y aletargado (no me sentía feliz nunca, siempre estaba enferma).
Mi abuela materna, la sra. Petrona Hernández Contreras, muy católica, oradora ferviente y creyente en el Corazón de Jesús y parte de la legión de María en la Iglesia Nuestra Señor del Carmen, nos inculcó una fe y una confianza en Dios y la oración constante.
Desarrollé, fuertes dolores en mis articulaciones, y en la espalda, lo puedo clasificar como un dolor profundo y agudo que no me dejaba caminar erguida, por eso mi aspecto era como de una persona mucho mayor de lo que era en realidad y así me sentía y comencé a ver y proyectar en mi imagen, me refugie en estudiar en ser lo mejor posible y me convertí en una excelente alumna, era lo único en mí que podía controlar y no requería un máximo esfuerzo para lograrlo, así culmine mis estudios.
Cuando estaba aproximadamente de 15 años, comencé a tener irregularidades en mi período menstrual y eso hizo que debiera ir a ginecólogos que decían que mi condición no mejoraba, luego de eso comencé a tomar anticonceptivos porque mis ovarios eran como decían los especialistas “lo más parecido a unos ramos de uvas, de tantos quistes”.
Fui concientizada que era muy improbable que, si me casaba pudiera tener hijos, era casi imposible, una vez una médica le respondió la duda a mi mamá de la peor manera, diciéndole que yo era estéril y que un parto en mi vida representaba riesgo de muerte, porque mi cuerpo todo lo asociaba como amenazas y así podía ser con mi propio feto o embrión.
Yo, una vez más acepte eso como mi realidad, no tuve novios, bueno y quién los tendría si pasaba dopada y dormida luego de venir de la escuela.
A los 16 años, ya estaba graduada de la Escuela Normal Superior de Cartagena, con excelentes notas y de paso admitida en una reconocida Universidad de la ciudad para estudiar medicina, por cosas de la vida no pude continuar con mis estudios, pero luego estudie Trabajo Social en la Universidad de Cartagena, luego de años de oración de insistir con mi curación Dios fue teniendo piedad de mí y de mi mamá que a pesar de ser enfermera vivía con miedo que me muriera en un ataque de alérgico. En quinto semestre conocí a un joven, nos hicimos novios y tiempo después se convirtió en mi esposo, siempre estuvo a mi lado aun cuando me debían llevar a la clínica, me cuidaba como mi familia y me aceptó así con mi condición de salud, él siempre me dijo que no importaba tener hijos propios si no podía y que no me arriesgara que si decidíamos tener bebés que estaba dispuesto a adoptar cuantos yo quisiera.
Pasaron los años, nunca quede embarazada, los ginecólogos reafirmaban que en mi condición era imposible. En el 2015 comencé a sentirme extraña, como con calambres en los ovarios y algo muy dentro me de mi me decía que estaba embarazada, y al comprar una prueba de farmacia dio positivo. En una familia de creyentes, esta noticia fue una fiesta verdadera, pero la felicidad me duro muy poco: a los 4 meses tal como lo habían dicho los médicos el cuerpo comenzó a rechazar a mi propio hijo, y termine perdiéndolo y con él las esperanzas de ser madre algún día de forma natural. Mi depresión creció, mis ganas de vivir otra vez cayeron, tuve tantos problemas médicos que no se atrevían a hacerme el legrado, pase casi dos días desangrándome mientras que los cirujanos rechazan ese procedimiento tan corto, hasta que al fin un dúo en una clínica materna de la ciudad se hicieron responsables y con una técnica inusual lograron salvarme la vida.
Aunque salí bien de la cirugía, emocionalmente no pude recuperarme, no paraba de llorar, entré en depresión y me sentí lo peor, me fui llenando de un temor que se convirtió en miedo, no quería salir, no quería ni arreglarme, me fui a dormir con mi mamá, abandone a mi esposo en el cuarto, ya no me interesaba nada, no busque empleo, no seguí estudiando, me tire a la pena y mis nervios colapsaron.
A todo eso, mi familia decidió que debía mudarme porque ya no me sentía segura en mi barrio, ni en esa casa, le tenía miedo a todo y vivía en angustia permanente. Me mudé entonces con mi mamá y mi esposo para un edificio a un cuarto piso, el ultimo donde no me molestaran y donde me encerré. Comencé a buscar empleo y a aparentar estar bien para que mi familia no tuviera excusas de decir que necesitaba una hospitalización, aunque ahora creo que debía ser lo mejor en ese momento, tenía una gran carga para mi sola. Pero ver sufrir a mi mamá y a mi esposo me hizo tomar las riendas de mi vida otra vez.
El ginecólogo de ese momento me dijo que por estar recién legradada, si no me cuidaba era probable volver a embarazarme; fue tan optimista que me dijo que no tuve la atención adecuada pero que si esta vez volvía a estarlo ya habría un equipo médico que tenía antecedentes y un nuevo y mejor manejo para la situación.
Efectivamente quede embarazada, pero me estaba cuidando, fue sorpresivo y comenzamos el camino de la oración y la fe, me acerque más a Dios y a la oración y ya no tenía quistes en mis ovarios estos parecían nuevos, ¡era un milagro: ni rastros de los dañados de mi juventud! Pero otra vez mi cuerpo y mi condición comenzó a hacer de las suyas, comencé a tener un hambre que no se me quitaba, me decían que era natural ese hambre, pero yo sabía en el fondo que no era normal. La presión arterial inicio una escalada, y para los 5 meses ya tenía una panza tan grande como de 7 meses y estaba “tan gorda”, que no parecía yo, tenía preclamsia y los médicos no terminaban de diagnosticarla, otra vez era víctima de negligencia médica. En ese mismo momento, una amiga de toda la vida y que también comenzó la medicina conmigo, estaba embarazada y ella siendo médico de profesión, su esposo internista y con antecedentes de hipertensión, comenzó a preocuparse por mi caso, y me remitió a su colega, amigo y perinatologo de cabecera el Dr. Óscar Lavalle. Estos 5 meses fueron de lo peor, mis nervios que venían maquillados, otra vez se alteraron, sentía que me moría del miedo, tuve que parar de trabajar porque estaba muy tensa y tenía que concentrarme en mi estado, cada semana me hospitalizaban por 2 o 3 días, con zozobra de desembarazarme otra vez, y esta vez mi bebé estaba vivo, no podía aceptarlo decidí pelear hasta el final de la mano de Dios y la Virgen, luego de una creatinina que el Dr. Lavalle vio a través de un mensaje por WhatsApp que le envíe, me dijo las palabras más aterradoras que en ese momento pude escuchar y fueron: “¿Dónde estás? Con quién estás? Por favor pídele a tu cuidador que te traiga ya a la clínica: debemos desembarazarte de urgencias si esa presión arterial no se estabiliza”. Ese día yo estaba sola, no tuve sino que llamar a mi mamá y a mi esposo que me llevaran. Para esta fecha ya había entrado en los 6 meses de gestación, me estabilizaron y el Dr. hizo un pacto conmigo, que era algo súper difícil pero que si era tan fuerte como decía podía hacerlo o al menos intentarlo: debía bajar de peso, pero solo yo, la bebé debía ganarlo, pero no podía pasarse a los 4 kilos porque era riesgo de macrosomía y en mi estado era peligroso, porque la preeclamsia me desató diabetes gestacional que para ese momento fue otro suplicio. Arranque una dieta tan estricta que ni los antojos del embarazo podía comer, cada comida debía ser registrada en fotos, supervisadas y aprobadas por el Dr.; entonces comencé a sentirme mejor, ya fue bajando mi hinchazón, la presión arterial se comenzó a regular, pero no todo fue médico: yo iba casi diario a la iglesia “María Madre de la Iglesia” y mi párroco y padre espiritual Atilano fue y es mi apoyo incondicional, me sentaba justo delante del Cristo Caído y ahí oraba, pero no solo oraba, hablaba con un Señor que desde lo alto en su imagen me decía que todo estaba y estaría bien, yo le decía “el padre (párroco)”: era el Beato Luis Variara. 3 años después supe bien su historia, a través de las Hermanas que se consagran a su devoción: el se reía conmigo, y cuando hablaba con él me sentía segura, y con mi Virgen del Carmen que le tocaba su manto con fervor y fe.
A las 37 semanas ya me dieron la orden de desembarazo y comenzaron un proceso de 2 días de inducción química del parto, me conectaron a una maquina y comenzaron a pasarme oxitocina artificial para generarme contracciones y poder dar a luz, algo que también fue una jugada y un riesgo, pero mi familia, amigos, grupo de oración y sacerdote asumieron todos unidos en Fe conmigo: todos saben que las mujeres con preclamsia no pueden dar a luz de forma vaginal porque eso es un riesgo de muerte, los dolores y el esfuerzo del pujo, aumentan la presión arterial y por tanto generan paros cardiacos, pero una vez más mi alergia tan voluble y no controlable, no me permitía tener una cesárea, no podía hacerme incisiones y no podían administrarme antibióticos, como es lo normal en ese procedimiento, por tanto, el 25 de marzo del 2017 me jugué la vida y de mi bebé. Les cuento que me mantuve orando con mi madre y mi madrina, que no se despegó de esa clínica, todos en mi familia oraron, postraron rostro en tierra y Dios obró, pero claro también intercedió mi padrecito Luis Variara, sin dolores y sin contracciones evidentes, pues eran internas e imperceptibles, tuve solo un pujo y fue el que determinó que debía ingresar al quirófano y luego allá sólo tuve los pujos normales sin dolor, lo más raro es que los médicos que estaban esperándome en esa sala de parto no entendían cómo no sentía dolor ni nada en el área perianal, como si estuviera adormecida. La bebé nació grande de 3.500 gramos, tuve una pequeña rafia que con unas cuantas puntadas, que no sentí, quede bien: tuve una linda niña, a la que llamamos María Alejandra Torrenegra Zuluaga. En contra de todo pronóstico, en contra de años de negativas, de ovarios inservibles prácticamente y de un sinfín de problemáticas, cuando la fui a presentar a la iglesia otra vez, en mi usual puesto, el padre Luis Variara se sonreía y me decía: “Todo estaba bien, todo estará bien”, y así fue. Las cosas fueron tomando un rumbo de normalidad, volví a trabajar y a pesar de tener orden de volver a embarazarme de 3 a 5 años, otra vez cuidándome quede embarazada y ahora tengo 2 bellos hijos, el 29 de abril del 2019 tuve a Pablo Andrés Torrenegra Zuluaga, definitivamente siguió el padre Luis hablándome y yo orándole, agarrándome de su amparo e intercesión y él con su habitual sonrisa me cuidaba y me decía que todo estaría bien. Nuevamente un parto natural y esta vez sí supe que era un trabajo completo de parto, con sus niveles de dolores y de contracciones, pero después de un parto natural mi hijo hermoso estaba en mis brazos reafirmando la promesa de Dios y Luis Variara en mi vida, quitando todo obstáculo en este proceso.
Esto que digo es soportable con mis historias médicas, mi madre que era la única que sabía que yo hablaba con el padre Luis Variara y que él intercedía por mí y mis hijos, lo quiero mucho y para mí es mi santo, 2 grandes favores en una persona que no tenía ninguna probabilidad: eso si se puede llamar “Milagros”.
Agradezco su atención. Atentamente, Luz Adriana Zuluaga Robles
“ERA ENFERMO DE HANSEN (LEPRA) Y AHORA ESTOY SANO”
«Me llamo Cristian Andrés Ducuara Hernández, al momento tengo 25 años y pienso haber recibido una gracia por intercesión del Beato Luis Variara, ya que él me sanó de la enfermedad de Hansen (lepra). Personalmente no tengo otros antecedentes médicos graves: sufro de migraña desde 2016; ninguna enfermedad a nivel familiar; ningunos antecedentes de enfermedad de Hansen (lepra) en la familia.
Los primeros síntomas de lepra se manifestaron en septiembre de 2020, con vómito, dolor de cabeza, rasquiña, dolor de estómago, diarrea y dolor en el abdomen, fiebre muy alta. Ya desde antes, se habían manifestado manchas en la piel, que ya eran bien visibles. Procuraban rasquiña, se toteaban solas, salía sangre y volvían a aparecer en el mismo lugar.
Me encontraba en el Seminario en ese momento, cruzando primer año de teología. Hasta los compañeros se dieron cuenta de las manchas y manifestaban preocupación por mi salud.
Por esta razón, cuando aparecieron los demás síntomas, fui hospitalizado, primero en el Hospital “San Rafael” del Espinal (octubre 2020), donde me atendieron tres médicos y quedé hospitalizado dos semanas aproximadamente. Tengo cartela clínica correspondiente.
Desde allí me remitieron a la Clínica “Calambeo” de Ibagué, Tolima, por hacerme una baciloscopia, porque por un medicamento que me colocaron, salieron brotes en la piel, como una reacción alérgica.
De ahí me remitieron para Bogotá, Hospital “San Ignacio”, para ser visto por un especialista en sangre y otro en piel. Llegamos por la noche y estuve aislado 15 días, pues llegué resfriado. A la prueba, resulté positivo al Covid. Me colocaron oxígeno y tenían vigilados los latidos del corazón.
Repitieron exámenes (de orina, endoscopia…), y la baciloscopia del pié y del cuello, resultó positiva para la enfermedad de Hansen (mejor conocida como lepra): Lepra Lepromatosa Multibacular.
El médico me explicó que la lepra se podía contagiar, y que podía haberme contagiado en las misiones, por contacto con otra persona o con algún animal infecto. El médico mostraba preocupación, pues si no llegaba en una semana el medicamento, la enfermedad podía resurgir y en ese caso iba a ser muy difícil el tratamiento, hasta ser causa de muerte para mí. Me explicó que los medicamentos podían controlar la enfermedad y que iba a empezar con el primer ciclo, que si no alcanzaba, debía tomar otros medicamentos por otros seis meses. Sin embargo, dejó claro que no era posible la sanación y que el medicamento solo servía para controlar a la enfermedad y para no contagiar a otros.
En la semana, llegó afortunadamente el medicamento, y empecé a tomarlo en el Hospital “San Ignacio” de Bogotá. Se trata de 12 blísteres. Lo tomé hasta finales de octubre – comienzos de noviembre de 2021. Sin embargo, el médico me avisó que no era posible sanar de la enfermedad.
Yo, al recibir aquella noticia, me sentía asustado, me desesperé mucho, no sabía qué hacer, lloré bastante, le hablé fuerte a Dios, grité preguntándole: “¿Por qué a mí y no a otro paciente???”. Las enfermeras, hablándome, buscaron calmarme, asegurándome que ya existía medicamento para controlar la enfermedad. Yo recurrí de una vez a la Hna. Mariela Méndez, Hija de los Sagrados Corazones. Le envié un mensaje de audio en Whatsapp, diciéndole que sentía aburrimiento, desesperación, por el resultado del examen. Desde el primer momento, empecé a confiar en la intercesión del Beato Luis Variara, pues ya lo conocía, por ser yo miembro del Movimiento Secular: oraba con el texto bíblico del leproso, que dice a Jesús: “Señor, si quieres puedes curarme!”. Pensaba también en el Beato Luis Variara, quien no se enfermó al estar en contacto con los enfermos de lepra y al utilizar sus mismos instrumentos musicales, y le pedía su intercesión.
Avisé también a mi hermana mayor, quien le dio a conocer la noticia a mi familia, envié también un mensaje al grupo del Seminario, del que había salido por ser hospitalizado. Como consecuencia de esto, el Rector hizo saber que era mejor que los Formadores y demás compañeros de Seminario, se responsabilizaran de sacar examen de lepra, y trajeran los resultados después de vacaciones, para volver a ingresar al Seminario. Era noviembre de 2020.
Me dieron de alta del Hospital el 4 de diciembre de 2020, con el compromiso de seguir tomando el medicamento, que me iban a entregar en el Hospital “San Rafael” del Espinal. Así pude salir a la casa y con los medicamentos, pude salir para misión en San Andrés, Dolores, al empezar febrero de 2021. Tenía que presentarme a cita médica cada dos meses, para recibir nuevamente medicamentos. Me revisaron también los ojos, pues la enfermedad podía afectar los ojos y hacerme quedar sin cabellos y sin cejas.
La enfermedad duró año y 3 o 4 meses en total.
Descubrí estar sanado el 12 de diciembre de 2021, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Comí algo que no podía comer, por los problemas que tenía en el hígado (tenía en ello la misma bacteria, que resultó ser la misma lepra que lo había afectado). Ni terminando el medicamento, ni comiendo algo que no debía, el cuerpo reaccionó mal. Yo me sentía y me siento bien.
Tuve cita médica con la Doctora Yuly Piedad Caicedo González, Médico General, y examen de baciloscopia en enero de 2022 y el médico me dijo: “Esta enfermedad era difícil de llevar y no tenía cura, pero los exámenes salieron todos negativos. De pronto fue por su cuidado y por ser juicioso en tomarse el medicamento. ¡No sé a qué santo se pegó Ud., pero resultaste completamente sanado! ¡Cuídese!” No me prescribieron otras citas médicas, ni tampoco otros medicamentos.
La noticia de la sanación la recibí como la mejor noticia que me pudieran dar, pues era una enfermedad de la que no podía sanar. Sentí que Dios me escuchó y escuchó la intercesión del Beato Luis Variara por mí. Yo opino que los medicamentos actuaron en mi sanación, ayudándome; sin embargo, por el 90% yo sé que mi sanación se debe a que mi oración fue escuchada por el Beato Luis Variara.»
¡MI NIÑO CAMINA, GRACIAS A LA INTERCESIÓN DEL BEATO LUIS VARIARA!
“Me llamo Melida Ximena Morales Quimbiulco. Soy de Quito, Ecuador.
Mi niño se llama Mateo Enrique Caiza Morales. Actualmente (1 marzo 2023) tiene 4 años. Es mi hijo mayor y se enfermaba mucho, sobre todo de la garganta. Lo llevaba a diferentes pediatras, quienes me aseguraban que el niño estaba bien.
Pero cuando empezó a cumplir 7 meses, el niño aún no se sentaba. Mi mamá fue quien se dio cuenta. Él quedaba acostado y yo no sabía que ya era hora que pudiera estar sentado. Al fin, encontré un pediatra de confianza y él pidió realizar una radiografía de cadera al niño.
Esto me preocupó, además que él me confirmó que el bebé a esa edad tenía que estar sentado y hasta gatear. Sin embargo no se podía forzar, sin previa radiografía, la cual detectó luxación de cadera. Me dijeron de no preocuparme, pero le mandaron a terapia. Mi mamá me invitaba en cambio a orar.
Pero a mí me preocupaba, porque él, a pesar de todo, no podía sentarse firme. Entonces el pediatra pidió otra radiografía y también mi esposo pidió en una fundación, y le indicaron los problemas a la cadera del niño. Me encomendaron un ortopédico pediátrico. Mamá pidió oración a mis hermanos.
Mis hermanas, quienes son Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, me indicaron al Beato Luis Variara, contándome que cuando niño, tenía un amigo cojito. Me dejaron su oración, pero la que más oraba era mi mamá.
Mi hermana Pilar encontró en Guayaquil un traumatólogo y tomando fotos a las radiografías, pidió ayuda. El traumatólogo indicó que antes de los 3 meses hubiesen tenido que hacerle cirugía a Mateo. En ese momento me sentí aún peor y me desesperé. ¡Él ya tenía 7 meses!!!
El problema era que el niño no había desarrollado los núcleos y eso implicaba no poderse sentar.
Por las mismas fechas, después de algunas terapias, tomé una cita con un traumatólogo pediátrico y posteriormente una prima, quien es doctora, pidió otra cita con otro médico, quien dio el mismo diagnóstico, indicando que los núcleos se desarrollaban hasta un año y 9 meses y Mateo ya estaba atrasado en eso. Eso implicaba que se iba a caer con mucha frecuencia y que mientras tanto no podía sentarse. Siempre se caía hacía atrás y tenía demasiada flexibilidad.
El niño pero intentaba sentarse, sin lograrlo.
Una de mis Hermanas religiosas (Hna. Luz Margoth) tenía que viajar a Colombia y me visitó, pidiéndome una foto del niño, para llevarla a la tumba del Beato Luis Variara, en Agua de Dios. Le imprimí la primera que encontré. No sabíamos si Mateo mientras tanto había desarrollado algo del núcleo, pues la siguiente radiografía tenía que esperar.
Así fue: mi hermana religiosa volvió de Agua de Dios y me dijo que había dejado la foto a los pies de los restos del Beato Luis Variara y que había pedido oración por el niño. Desde entonces recé la oración con más convicción: me arrodillaba y llorando le pedía a Dios que el Beato Luis Variara hiciera lo que parecía imposible.
Sin pasar mucho tiempo, 8 o 15 días, yo me encontraba en la casa, haciendo el almuerzo, tenía la televisión prendida y salía con frecuencia a vigilar al niño, cuando vi que Mateo se encontraba de pié: se había bajado del sillón donde lo había dejado, se había parado y caminó algunos pasos, luego se sentó, gateó, caminó de nuevo y habló con mayor fluidez desde esa misma fecha!
Desde esa fecha, en septiembre 2019 (él tenía un año y un mes más o menos), él es un niño muy especial y tiene capacidades de un niño mucho mayor de su edad; así lo dijo el pediatra. También es muy sensible.
La prima me aconsejó pero no hacerle más radiografías, para proteger al niño de radiaciones. Por eso, no volví a tomarle radiografías.
Entendí lo que había pasado con mi primer hijo, cuando tuve mi segundo hijo, Andrés.
Aún sin radiografía, el pediatra lo vio después y supo que estaba ya sentado.
Yo estoy segura de que fue un milagro y fue por intercesión del Beato Luis Variara.
A él le agradezco mucho y prometí ir a Colombia, a Agua de Dios, en agradecimiento, con mis dos hijos. Como me dijo mi hermana Luz Margoth, ella mientras oraba a los pies de los restos del Beato Luis Variara, le prometió que si el niño caminaba, él personalmente llegaría un día, de la mano de sus padres, a agradecerle.”
¡GRACIAS A DIOS, A MARÍA AUXILIADORA Y A LA VALIOSA INTERVENCIÓN DEL BEATO LUIS VARIARA
MI BEBÉ EMMANUEL ESTÁ BIEN!
En todo el proceso de gestación, embarazo fue positivo no se evidencio ningún problema, ni en Emmanuel Merchán ni en mí, que soy su mamá. Cuando llegue a la semana 40 de mi embarazo, no presente ningún dolor ni síntoma de parto, por lo que, me dirijo al hospital de mi red por urgencias; al llegar allá y al hacerme el ingreso se dieron cuenta que tenía la tensión muy alta, (signo evidente de preclamsia), al realizar el monitoreo fetal el corazón de mi bebe era muy lento y sin fuerza. Por esta razón me solicitaron una ecografía anatomía donde se dieron cuenta que él bebe estaba con sufrimiento fetal, no tenía ya líquido. Se programo la cesárea de urgencia, al nacimiento mi bebe se había meconiado, no respiraba y tuvieron que hacer reanimación. Ese día 06 de Julio del 2020 nació bien, a pesar de las complicaciones mencionadas.
El día 07 de Julio, le realizan la revisión a Emmanuel y le realizan un examen de bilirrubinas, por la apariencia amarillenta de mi bebe, los resultados son elevados por lo que se lo llevaron a unidad de cuidado neonatal para dejarlo con cámara de luz, al día siguiente cuando fui a visitarlo él bebe ya tenía cánula de oxígeno, me dijeron que en la noche había presentado desaturación y tuvieron que dejarlo con cánula nasal. El día 09 de julio cuando visitaba a mi bebe me dijeron que le tenían que hacer otros exámenes, en especial un ecocardiograma por que no respiraba con normalidad y requería el oxígeno por cánula. Para el día 10 de Julio ya le habían realizado un rx de tórax y un ecocardiograma; el rx arrojo opacidades intersticiales reticulares bilaterales asociadas con incipientes opacidades alveolares bibasales. El reporte del ecocardiograma indico: CIA tipo istium secundan – conducto arterioso permeable.
En ese punto el 11 de Julio mi bebe estaba con 3 diagnósticos:
Ictericia por incompatibilidad ABO
Cianosis de recién nacido y defecto del tabique auricular.
Este Día le dieron salida del hospital, con oxigeno domiciliario. Emmanuel nació pesando 3040 gramos, al momento de salir del hospital pesaba 2900 gramos…
Todos los días pedía a Dios que mi Emmanuel estuviera con nosotros en casa, era muy duro verlo solo unas horas al día. Cuando salió del hospital había bajado de peso y tenía oxigeno las 24 horas. Fue un proceso doloroso que nos duró unos pocos días, gracias a Dios y a la intervención del Beato Luis Variara, El día 24 de Julio le realizan control de oximetría y le retiran el oxígeno, el médico estaba muy sorprendido por la evolución de Emmanuel en tan poco tiempo. Los controles con cardiología por el CIa continuaron hasta los 6 meses, después de dos exámenes más de ecocardiograma, no se evidenciaba ningún problema en su corazón. A pesar de los diagnósticos dados de ictericia mi bebe no requiere de ningún tratamiento médico.
Yo soy creyente y sé que toda la evolución de Emmanuel es gracias a Dios, a María Auxiliadora y a la valiosa intervención del Beato Variara.
TESTIMONIO DE UNA GRACIA RECIBIDA POR INTERCESIÓN DEL BEATO LUIS VARIARA
Me llamo Laura Esposito, tengo 45 años y vivo en la Provincia de Bergamo (Italia), aunque nací en Scafati (en el Sur de Italia). Estoy felizmente casada con Raffaele y tenemos dos esplendidos hijos: Francesco, de 16 años, y Luca, de 13. Vivimos con dignidad, entre trabajo, casa y familia. Todo procedía bien, cuando, inesperadamente, en septiembre 2016, durante una ecografía de control para el seno, el doctor encontró casualmente un nódulo en mi tiroides de aproximadamente 8 mm. Era un carcinoma medular de tiroides, clasificado como muy maligno y agresivo. Era urgente realizar otros exámenes y preparar la intervención de cirugía.
En un estado de angustia, ese mismo día avisé a mi familia. Mi mamá y mi hermana (hoy fallecidas) eran ambas socias consagradas del Movimiento Secular Padre Luis Variara. Llamaron en seguida a las Hermanas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, pidiéndoles oraciones por mí. Las Hermanas aseguraron la oración, empezando una Novena al Beato Luis Variara, junto con otras religiosas de su Instituto, algunos destinatarios de sus obras, amigos y familiares míos, pidiendo que la cirugía saliera bien, sin ninguna complicación.
El 24 de octubre 2016 ingresé al hospital. Durante el coloquio anterior a la cirugía recibimos la primera buena noticia: el examen PET había resultado negativo, o sea que no se rescontraban metástasis en mi cuerpo.
Aún después de la cirugía (la cual me fue muy bien), se necesitaban nuevos análisis, para encontrar las causas del carcinoma: si había sido de tipo hereditario, algún familiar de primer grado (hijos, hermanas, mamá) podía resultar también enfermo.
¡Recibí el éxito de último examen el día 13 de enero 2017 y resultó totalmente negativo! Los médicos aseguraron que esta terrible experiencia ya se podía dar por concluida.
Agradezco infinitamente todos los que dirigieron oraciones al Buen Dios por mis intenciones y sigo humildemente confiándome a ellas, junto con muchas otras personas enfermas, que necesitan dichas oraciones. De manera muy especial agradezco al Beato Luis Variara, que estoy convencida haya sido clave por mi sanación y haya guiado todo el procedimiento médico y cada doctor que he encontrado en este momento difícil de mi vida.
Att. Laura
